6.9.11

Mosterín y la especulación

La ciencia actual nos muestra a las matemáticas y a la ciencia empírica, la primera nos demuestra e incluso comprueba una realidad de acuerdo a quien lo desee, y la segunda, la ciencia empírica puede darnos especulaciones muchas que al ser contrastadas con la realidad pierden cualquier carácter posibleo, por el contrario, y en tal situación, esta debe ser verificable repetitivamente por cualquiera, tomada por una realidad irrefutable.
¿En qué posición se ubica el filósofo? Pues en la ciencia empírica. Mosterín nos insta a especular, de manera imaginativa, pero también a sospechar y desconfiar, con motivo de confrontar ideas para un conocimiento sustentable. Tenemos ejemplos contundentes la teoría de la relatividad y el modelo estándar cosmológico del Big-Bang y la teoría cuántica de campos.
en cuanto a suposiciones o especulaciones encontramos, a mi parecer si es que algún día estas se comprobasen, la teoría de Supercuerdas y la teoría M, luego, como bien plantea Mosterín encontramos, en el amplio universo de teorías con respecto a el origen, supuestos moderados a insensatos  como la teoría de Max Tegmark. la cual propone la existencia de mundos paralelos con símiles características repetitivamente, i.e., nuestro planeta, la Tierra, tendría lugar en varios universos contiguos, con ello nos sólo nuestro planeta sino también los continentes, ciudades, avenidas, calles y cada uno de nosotros viviendo y caminando. Esta teoría aunque, pueda resultar irreverente pero, tomando la triada de Mosterín (especular, sospechar y desconfiar), quien sabe si en años venideros, o en un futuro muy remoto que no alcancemos ni siquiera  a imaginar, esta como otras puedan ser corroboradas con el apoyo privado de quienes sustentan estos estudios.
En el medioevo la certeza acerca de que el mundo era geocéntrico era una realidad universal que cuando se demostró que era heliocéntrico y que no éramos el centro del cosmos, el mundo entero cambió su forma de pensar por ser una realidad irrefutable. Esto hace que nuestra curiosidad aumente, en desmedida, acerca de nuestro papel y posición en el universo, nos reta a tomar conciencia en nuestro quehacer cotidiano a mirar el cielo y vislumbrar, preguntándonos ¿Qué somos? ¿Qué hay más allá? Tal vez no tengamos respuestas pero mientras tanto podemos especular e imaginar de manera sustentable y no como guión de film fantástico.
Finalmente, Mosterín asegura que el futuro de la investigación nos es impreciso y que de conocer el futuro de mañana este ya no sería realizable, por ser contradicción. 

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